Algunas personas experimentan la sensación de no estar avanzando. Puede aparecer después de unas pocas sesiones o tras un tiempo más prolongado, y suele ir acompañada de frustración, dudas o incluso ganas de abandonar.

No existe un plazo definido a partir del cual “deberíamos” sentir cambios. Cada proceso es único, cada persona avanza a su propio ritmo y los cambios no siempre son evidentes ni inmediatos.Sin embargo, cuando esta sensación de estancamiento se mantiene en el tiempo, es importante detenerse y preguntarse qué puede estar ocurriendo.

En este artículo revisaremos algunas de las razones más frecuentes por las que una persona puede sentir que no avanza en terapia, entendiendo que este momento, lejos de ser un fracaso, muchas veces forma parte del propio proceso terapéutico.

Motivos por los cuales uno/a no avanza:

-Sus expectativas y/o objetivos no son realistas con el tipo de terapia que está realizando. Revisar qué espera de la terapia; por eso es muy importante tocar con los pies en el piso y plantear objetivos realistas.No es realista hacer terapia con “estar bien” todo el tiempo.

-Miedos al cambio, aparecen nuestra “partes” protectoras.  Avanzar puede implicar: realizar cambios convenientes para la persona aunque desagradables, poner límites, tomar decisiones..y aunque deseemos un cambio tenemos miedo

-La relación terapéutica: si no te sientes segura, entendida y con mucha confianza con tu psicóloga difícilmente va a resultar la terapia. El vínculo terapéutico siempre está por encima, es importante revisarlo.

-Estar haciendo terapia, pero sólo “asistiendo”, sin reflexionar ni dar espacios fuera de ella, es decir sin aplicar lo conversado, sin hacer ningún cambio.. aunque no es común que ocurra; ya que la relación terapéutica y la terapia promueven esto.

-Avanzar no siempre es “sentirse bien” o “avanzar”, puede ser incomodo, que aparezcan emociones que estaban dormidas antes, dudas, cansancio..o ganas de abandonar.

Sentir que no se avanza en terapia es una experiencia más común de lo que parece y no es, en sí misma, un signo de fracaso. Muchas veces es una invitación a detenerse y mirar el proceso con más profundidad: revisar expectativas, observar los miedos que aparecen, evaluar el vínculo terapéutico y preguntarse qué lugar ocupa la terapia en la vida cotidiana.

Avanzar no siempre se traduce en sentirse mejor de inmediato. A veces avanzar es incomodarse, cuestionarse, cansarse o encontrarse con emociones que antes estaban silenciadas. Todo eso también es parte del proceso.

Si algo en la terapia se siente estancado, es importante poder hablarlo abiertamente en sesión. La terapia no es un camino lineal, sino un proceso vivo que se va ajustando a las necesidades de cada persona. Incluso cuando parece que no pasa nada, muchas veces algo ya se está moviendo.